Una investigación realizada por un equipo de científicos de la Universidad de Cardiff,
en Gales, ha constatado por vez primera una condición genética
directamente relacionada con el llamado trastorno por déficit de
atención con hiperactividad (TDAH).
En su estudio, los investigadores descubrieron, en concreto, que
los niños que padecen TDAH son más propicios que otros niños a tener
duplicados pequeños segmentos de su ADN o a carecer de dichos
fragmentos.
Por otro lado, los investigadores constataron una significativa
imbricación entre dichos fragmentos de ADN, conocidos como “variantes de
número de copias” (CNVs), y otras variantes genéticas relacionadas con
el autismo y la esquizofrenia.
Todos estos hallazgos evidencian, según ellos, que el TDAH es un
trastorno del desarrollo neurológico o, en otras palabras, que los
cerebros de niños con TDAH son diferentes a los cerebros de otros niños.
Trastorno muy prevalente
La profesora Anita Thapar,
directora de la investigación, espera que la constatación de la causa
genética del trastorno por déficit de atención con hiperactividad “ayude
a superar el estigma social asociado al TDAH”.
Según declara la investigadora en un comunicado
de la Universidad de Cardiff: “Demasiado a menudo, la gente cree que
este trastorno es causa de una mala educación o de una dieta pobre.
Ahora se puede afirmar con confianza que el TDAH es una enfermedad
genética, y que los cerebros de los niños que padecen esta condición se
desarrollan de manera distinta”.
El trastorno por déficit de atención con hiperactividad es un
trastorno muy prevalente cuya sintomatología se caracteriza por la
distracción de moderada a severa, periodos de atención breve, inquietud
motora, inestabilidad emocional y conductas impulsivas.
El TDAH se da con mayor frecuencia en varones que en niñas, pero
su incidencia no presenta diferencias entre diversas áreas geográficas,
grupos culturales o niveles socioeconómicos.
Actualmente, se estima que el TDAH afecta a entre un 5% y un 10%
de la población infantil y juvenil, y que representa entre el 20% y el
40% de las consultas en los servicios de psiquiatría infanto-juvenil.
A pesar de la expansión de este trastorno, hasta ahora no se
habían recopilado evidencias directas de que esta condición fuera
genética, y existía una gran controversia sobre sus causas.